"WHATABOUTISM": DEGRADANDO EL DEBATE.
Reflexiones sobre Ética y Formación Nº 2.
Whataboutism: la evasión que empobrece el debate público.
Abstract.
En un contexto marcado por la polarización, la fragmentación social y la simplificación digital del discurso, el debate público enfrenta una degradación metodológica que afecta su calidad democrática. Este texto examina el concepto de whataboutism, su origen moderno durante la Guerra Fría y su funcionamiento como recurso retórico que desplaza la responsabilidad en lugar de asumirla. A partir de ejemplos reconocibles en la discusión chilena, se propone una distinción entre comparación legítima y evasión argumentativa, subrayando un principio formativo básico: primero se responde al punto planteado; luego, si corresponde, se compara.
Palabras clave: ética pública, debate público, responsabilidad, retórica, Guerra Fría, comparación histórica, formación crítica.
Introducción.
El deterioro del debate público no siempre se produce por la mentira abierta o la manipulación directa. A veces se instala de manera más silenciosa, mediante hábitos discursivos que desplazan una crítica sin responderla. En Chile —como en tantas democracias contemporáneas— se ha vuelto común que, ante un cuestionamiento específico, la discusión se desvíe hacia otro episodio, otra figura o “otro bando”, mediante una fórmula aparentemente simple: “¿y qué hay de…?” Comprender ese mecanismo no es un detalle terminológico; es una herramienta de formación del juicio crítico, especialmente cuando la sociedad exige coherencia, rendición de cuentas y claridad en la deliberación pública.
1. Qué significa exactamente.
El término whataboutism proviene del inglés “what about…?” (“¿y qué hay de…?”) al que se añade el sufijo “-ism”, que indica práctica habitual o patrón sistemático. No se trata de una ideología ni de una escuela filosófica, sino de un recurso retórico que consiste en responder a una crítica señalando otra falta distinta, sin hacerse cargo del punto original. Conviene precisar que no toda comparación es ilegítima: el análisis histórico requiere contrastes. El problema surge cuando la comparación sustituye la respuesta en lugar de complementarla, transformando el intercambio en una cadena de compensaciones que impide evaluar el hecho que se ha puesto sobre la mesa.
2. Origen moderno: la Guerra Fría.
Aunque el mecanismo es antiguo, el concepto se popularizó durante la Guerra Fría. Diplomáticos de la Unión Soviética, ante críticas occidentales por violaciones a los derechos humanos, solían responder desviando el foco hacia problemas de discriminación racial en Estados Unidos. La estrategia no consistía en refutar la acusación ni en aclarar el hecho cuestionado, sino en introducir una falta ajena para generar equivalencia moral y diluir la responsabilidad. En términos simples: no buscaba demostrar inocencia; buscaba neutralizar el juicio.
3. Manifestaciones en la realidad chilena.
En Chile, el whataboutism ha sido especialmente visible en el debate sobre el período 1970–1990. Analizar decisiones del gobierno de Salvador Allende suele activar inmediatamente la referencia al régimen encabezado por Augusto Pinochet; examinar acciones del gobierno militar provoca la evocación automática de la Unidad Popular. El resultado es una balanza permanente de compensaciones históricas que impide examinar cada hecho en su propio contexto. Sin embargo, evaluar un punto específico no exige resolver simultáneamente todos los puntos de la historia: la existencia de errores anteriores no elimina la responsabilidad presente, ni la mención de faltas ajenas sustituye la respuesta debida respecto del hecho que se analiza.
El mismo patrón puede observarse en discusiones actuales sobre gestión pública. Ante cuestionamientos por decisiones administrativas, errores de cálculo o eventuales irregularidades, la respuesta frecuente es recordar fallas de gobiernos anteriores. Es posible que esas fallas hayan existido y merezcan análisis; pero su invocación no responde la pregunta original. Recordar el pasado puede contextualizar; usarlo para evitar responder por el presente empobrece la responsabilidad pública.
4. Redes sociales: del argumento al gesto.
En la cultura digital, a este desplazamiento se suma otra forma de empobrecimiento: la sustitución del razonamiento por gestos de aprobación o rechazo. Reacciones instantáneas, emojis o simples “me gusta” reemplazan el intercambio de argumentos. No es whataboutism en sentido estricto, pero produce un efecto similar: reduce la deliberación a señalización emocional y disminuye el espacio para el discernimiento. Cuando la conversación se vuelve reacción, el debate se vuelve estéril.
5. Una distinción metodológica fundamental.
La diferencia entre análisis y evasión no es ideológica; es metodológica. Una comparación es legítima cuando amplía el contexto y contribuye a comprender mejor un fenómeno. Se transforma en evasión cuando desplaza la responsabilidad del hecho que se analiza. El principio es simple: primero se responde; después se compara. Invertir ese orden altera la calidad del debate, introduce ambigüedad y debilita la formación del juicio crítico.
Conclusión.
El debate público no se degrada únicamente cuando se miente; también se degrada cuando se evita responder. Comprender el whataboutism no es un ejercicio terminológico: es una herramienta para fortalecer la higiene intelectual del intercambio democrático y exigir coherencia allí donde corresponde. En tiempos de polarización y simplificación discursiva, la responsabilidad comienza por asumir el hecho que se nos plantea antes de buscar equivalencias históricas o compensaciones morales. Y eso, más que una consigna, es una cuestión de método.
Christian Slater E.
MG Ciencias Militares
De mis apuntes de Ética

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