EL GENERAL RICARDO MARTÍNEZ: UNA FOTO NO DEFINE UNA TRAYECTORIA
EL GENERAL RICARDO MARTÍNEZ:
Una fotografía, un contexto y una reflexión
Durante estos últimos días ha circulado una fotografía en la que aparece el excomandante en jefe del Ejército, el general Ricardo Martínez, acompañada de comentarios, descalificaciones e incluso insultos que parecen surgir simplemente por encontrarse presente en determinada actividad o, quizás, por tratarse de quien es.
Antes de juzgar una fotografía, conviene conocer su contexto. La imagen corresponde al seminario “Participación de las Fuerzas Armadas en la Seguridad Pública: Balances y Desafíos”, realizado el 24 de septiembre en dependencias del Senado, en Santiago. La actividad fue encabezada por el senador Gastón Saavedra, integrante de la Comisión de Defensa, y reunió a exautoridades, académicos y especialistas para analizar los desafíos que plantea la participación de las Fuerzas Armadas en materias vinculadas al orden y la seguridad pública. El propio senador señaló que buscaba también generar una reflexión desde la izquierda y el progresismo.
Se podrá discutir el propósito de esa actividad, las posiciones allí expresadas e incluso la conveniencia de participar. Todo ello es legítimo. Lo que me parece muy distinto es utilizar una fotografía para atribuir intenciones, adhesiones o lealtades que la imagen por sí sola no demuestra y, a partir de aquello, terminar insultando a una persona.
Sobre el general Ricardo Martínez se pueden leer hoy algunas cosas en las redes sociales. Algunas serán críticas legítimas; otras son simples descalificaciones. No pretendo responderlas una por una ni transformar estas líneas en una defensa incondicional de su trayectoria. Lo que intento es algo bastante más sencillo: explicar cuál es mi visión de él y hacerlo a partir de hechos concretos.
Conocí profesionalmente al general Ricardo Martínez durante nuestra carrera militar. Siendo más antiguo que él, la imagen que conservo de su desempeño profesional no coincide con algunas de las descalificaciones que hoy leo en redes sociales.
Eso tampoco significa que comparta todo lo que posteriormente ha dicho o escrito. Por el contrario, mantengo diferencias con algunas de sus apreciaciones, particularmente respecto de la crisis política e institucional que culminó el 11 de septiembre de 1973 y de lo ocurrido antes, durante y después.
El general Ricardo Martínez ha planteado su interpretación sobre ese período. Yo puedo sostener una distinta y fundamentarla con la misma firmeza.
Pero una cosa es discrepar y otra muy distinta insultar.
Trayectoria, convicciones y hechos concretos
También existen actuaciones del general Ricardo Martínez durante su período como comandante en jefe que forman parte de la visión que tengo de él.
En noviembre de 2018, ante alrededor de 900 oficiales reunidos en el Aula Magna de la Escuela Militar, abordó el futuro de las pensiones militares y sostuvo que “el bien a cautelar son las pensiones”, agregando que había que cuidarlas “con dientes y muelas” y que, si era necesario prolongar la carrera militar para preservar la esencia del sistema, había que hacerlo.
Aquella intervención fue grabada y posteriormente difundida, generando una fuerte controversia pública. Para quienes hoy pertenecemos al sector pasivo aquello no era una cuestión teórica. Era nuestro sistema previsional.
Un comandante en jefe en servicio activo estaba defendiendo una materia que afectaba a quienes permanecían en las filas, pero también a quienes ya habíamos entregado nuestra vida profesional a la institución y nos encontrábamos en retiro. Podrá discutirse la forma en que lo expresó, pero sostuvo aquella posición y asumió las consecuencias públicas de haberlo hecho.
Existe, además, una coincidencia histórica que considero interesante recordar.
Cuando en 1980 se discutió el nuevo sistema previsional, el general Augusto Pinochet sostuvo que los integrantes de la Defensa Nacional se encontraban en una situación especial, haciendo referencia, entre otras razones, a las juntas de calificación, la posibilidad de que las carreras terminaran anticipadamente y los riesgos propios de la actividad militar.
Décadas después, el general Ricardo Martínez, pese a las profundas diferencias que posteriormente expresaría respecto del general Augusto Pinochet en otras materias, coincidió con él en un punto concreto: la necesidad de preservar características previsionales particulares asociadas a la profesión militar.
No significa que ambos hayan pensado igual en todo lo demás. Significa simplemente reconocer una coincidencia específica allí donde efectivamente existió.
Decir las diferencias de frente
Hay otra experiencia que para mí resulta especialmente significativa.
El 6 de marzo de 2020, durante el segundo gobierno del Presidente Sebastián Piñera, participé en una reunión convocada por el general Ricardo Martínez en el Edificio Ejército Bicentenario. Asistieron más de 300 oficiales y suboficiales en retiro y uno de los asuntos abordados fueron las nuevas Reglas de Uso de la Fuerza.
En aquel auditorio se nos dio la posibilidad de intervenir. Recuerdo que, entre quienes hicimos uso de la palabra, estuvo un coronel en retiro muy antiguo cuyo nombre hoy no recuerdo, mi hermano, como general en retiro, y quien escribe estas líneas, como coronel en retiro.
Me dirigí personalmente al general Ricardo Martínez y le manifesté que no estaba de acuerdo con aquellas Reglas de Uso de la Fuerza.
Le planteé que tanto a él como a mí, cuando fuimos alumnos de la Escuela Militar, se nos había formado para cumplir la misión propia de un soldado. Se nos enseñó responsablemente a emplear nuestras armas frente a un potencial adversario y a alcanzar rigurosos estándares de instrucción.
Por eso sostuve que no podíamos pretender que un comando, un paracaidista o un soldado formado durante años para el combate se transformara prácticamente de un día para otro en especialista en control del orden público y comenzara a actuar con agua, gases, escopetas antidisturbios u otros medios propios de una función distinta de aquella para la cual había sido preparado.
Se lo dije directamente, frente a él, ante cientos de camaradas y con absoluto respeto.
Una coincidencia que también corresponde reconocer
Hay otro antecedente de esta misma actividad que considero especialmente importante. En su intervención en el seminario sobre participación de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública, el general Ricardo Martínez volvió a plantear sus reparos respecto del empleo de las Fuerzas Armadas en funciones propias del orden público.
Más allá de las distintas opiniones que puedan existir sobre esta materia, su planteamiento coincide con una preocupación que ha estado presente en el mundo militar y también con reparos expresados institucionalmente por el propio Ejército.
En febrero de 2024, durante una sesión del Consejo de Seguridad Nacional, el entonces comandante en jefe del Ejército, general Javier Iturriaga, señaló que las tareas de orden público implican una interacción directa con la población y que, para ese tipo de funciones, las Fuerzas Armadas carecen del entrenamiento, educación y equipamiento adecuados. Al mismo tiempo, manifestó la disposición institucional a colaborar cuando existan misiones claramente definidas, una cadena de mando precisa, reglas de uso de la fuerza y un marco jurídico apropiado.
Es una posición que coincide, además, en lo esencial con lo que se conversó en aquella reunión de marzo de 2020 con oficiales y suboficiales en retiro, cuando precisamente se discutieron las Reglas de Uso de la Fuerza y las dificultades que representa asignar a soldados funciones para las cuales su preparación profesional es distinta.
Estaba participando precisamente en una instancia donde se discutía un asunto que afecta directamente a las Fuerzas Armadas y donde podía aportar una mirada construida desde su experiencia profesional y desde haber ejercido la más alta responsabilidad de mando institucional.
Se podrá estar de acuerdo o no con otras opiniones del general Ricardo Martínez. Pero su presencia en ese seminario no constituye, por sí misma, una razón para descalificarlo. Por el contrario, me parece legítimo y necesario que quienes han ejercido altas responsabilidades institucionales participen en estas conversaciones y expongan con claridad lo que piensan.
Y en este caso hay algo adicional: su intervención no aparece desconectada de lo que el propio Ejército ha venido señalando respecto de los límites, capacidades y condiciones bajo las cuales las Fuerzas Armadas pueden colaborar en materias de seguridad interior.
Si queremos que civiles y militares, autoridades, académicos y especialistas conversen seriamente sobre seguridad y defensa, resulta contradictorio descalificar precisamente a quienes aceptan sentarse a esa mesa.
Una decisión de mando
Hay además otro episodio de la trayectoria del general Ricardo Martínez que considero necesario recordar.
El 2 de marzo de 2022, cuando le quedaban pocos días para concluir normalmente su período como comandante en jefe, presentó su renuncia después de haber sido citado a declarar ante la ministra Romy Rutherford.
Al hacerlo reiteró su inocencia y sostuvo que la responsabilidad de mando obliga muchas veces a adoptar decisiones difíciles cuando está en juego un bien superior relacionado con la institución.
Posteriormente fue procesado en una de las aristas investigadas, pero la Corte Marcial revocó ese procesamiento. La Corte Suprema confirmó posteriormente la resolución que lo dejó sin efecto. Por lo tanto, sería incorrecto afirmar que el general Ricardo Martínez fue condenado por esa causa.
Estos son hechos que también forman parte de una trayectoria. Hay actuaciones que algunos podrán valorar, otras que podrán cuestionar y opiniones posteriores que pueden provocar profundas discrepancias.
Pero ¿quién puede sostener seriamente que nunca se ha equivocado?
Una persona no puede reducirse solamente a aquello en lo que coincidimos con ella ni tampoco a aquello en lo que discrepamos. Una opinión discutible no borra toda una trayectoria, del mismo modo que una actuación que consideremos acertada tampoco nos obliga a compartir todas las opiniones posteriores de esa persona.
Respeto, periodismo y reencuentro
Y aquí aparece una cuestión que para mí trasciende al general Ricardo Martínez.
No está en la educación que recibí de mis padres. Tampoco está en la formación que posteriormente reforzó en mí el Ejército y la Academia de Guerra, ni fue esa mi manera de ejercer el mando.
Pude haber sido exigente, firme y duro cuando correspondía, pero jamás entendí la autoridad, el mando o una diferencia de opinión como una autorización para humillar o insultar a una persona.
Esa misma convicción trato de llevar hoy a otro ámbito de mi vida.
Un medio periodístico al que muchas veces también se juzga duramente, El Periodista TV, me abrió sus puertas. Primero me permitió publicar mis opiniones y posteriormente fui invitado a participar en programas y conversaciones donde pude expresar ideas que perfectamente podían ser distintas de aquellas sostenidas por otros integrantes, invitados o seguidores de ese medio.
Nunca se me exigió renunciar a mis convicciones ni acomodarlas para poder participar. Valoro profundamente aquello.
Encontré un espacio periodístico en el que he podido plantear mis ideas con libertad, discutirlas y someterlas también al juicio de otros. Con el tiempo esa relación fue creciendo y hoy tengo la responsabilidad de conducir Voces de Mando.
Por Voces de Mando han pasado personas con las cuales puedo coincidir ampliamente y otras con las que puedo mantener diferencias políticas, históricas o estratégicas. Eso jamás ha impedido una conversación seria.
Nos hemos sentado a hablar del tema que nos convoca, hemos formulado preguntas, expresado posiciones distintas y terminado cada encuentro con el mismo respeto con que comenzó.
Y ojalá podamos avanzar todavía más.
Me gustaría que algún día, desde el propio canal, pudiéramos organizar un seminario o un gran espacio de conversación donde participaran personas provenientes de distintos sectores políticos, civiles, militares y académicos.
No para buscar una uniformidad artificial ni para esconder nuestras diferencias, sino precisamente para demostrar que todavía somos capaces de sentarnos alrededor de una misma mesa, escucharnos y discutir responsablemente los asuntos que importan al país.
Y espero que, si alguna vez logramos construir un espacio así, no caigamos nuevamente en la descalificación o el insulto simplemente por intentar sentar a conversar a quienes piensan distinto.
Porque justamente de eso se trataría: de contribuir, desde nuestras diferencias, al reencuentro y a la unidad de Chile.
Conversar con quien piensa distinto no significa adherir a sus ideas. Quizás necesitamos precisamente más espacios donde personas que no piensan igual puedan escucharse, confrontar argumentos y, terminada la conversación, seguir respetándose.
Sobre el general Ricardo Martínez podrán seguir escribiéndose algunas cosas en las redes sociales. Yo no pretendo imponer mi visión a nadie. Solo he querido explicar la mía y hacerlo sobre la base de hechos concretos que conocí, observé o viví personalmente.
Puedo discrepar de algunas de sus opiniones. Puedo sostener que una determinada interpretación no la comparto y, si tuviera la oportunidad, preferiría decírselo personalmente y de frente.
Lo que no haría es convertir esa discrepancia en un insulto o utilizar una red social para descalificar a una persona en lugar de discutir sus ideas.
Podemos ser muy duros con las ideas y profundamente respetuosos con las personas.
Chile no necesita que todos pensemos igual. Necesita que seamos capaces de decirnos nuestras diferencias de frente, con argumentos, con firmeza y con respeto, sin transformar automáticamente al otro en enemigo.
Insultarnos entre nosotros no resolverá ninguna de nuestras diferencias. Solo nos degrada.

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